viernes, noviembre 23, 2007

Me duele la cabeza

Lo malo de las migrañas es que duelen. Lo bueno…pues no hay nada bueno en ellas. Me empezaron cuando apenas era una adolescente. Quizás un posible desencadenante fuera el Martiny de garrafón que nos colaban en las discotecas siniestras de entonces, o puede que no.

Nunca he sido una chica “sufrida” ni mucho menos. Cuando me ha dolido algo se ha enterado hasta el vecino del noveno, porque tampoco he escatimado en “ayes” y “uys” para expresar mi dolor. Todo empezó allá por los diecisiete añitos, cuando empezaron a darme unos extraños dolores de cabeza. Durante unos años las aspirinas y gelocatiles varios bastaban para quitármelo al rato pero a medida que me hacía “mayor” las crisis se intensificaban y el número de antiinflamatorios aumentaba sin que me hicieran realmente efecto.

A los 21, mi médico de cabecera decidió recetarme unas pastillitas para pasar lo mejor posible las crisis, pero no tuvo en cuenta que uno de los componentes era cafeína en una época en la que yo odiaba-literalmente-el café y sólo bebía colacao. La cafeína me enloquecía y me hacía hablar muy rápido, muy agudo y muy alto. Parecía una duendecilla pesada de película Disney. Eso sí, mientras hablaba rápido, agudo y alto, la cabeza ya no me dolía pero todo aquel que estuviera a mi lado, sentía unas irrefrenables ganas de mandarme a la China.

Tener un dolor de cabeza incapacitante cada más o menos ocho o diez días no es plato de gusto y después de unos dos años de ponerme histérica con las pastillas que rebosaban cafeína, al fin fui a que me viera un neurólogo. Ésta, tras hacerme un exhaustivo estudio, diagnosticó “migraña hereditaria aguda” (o algo así, que todavía no existía House). Lo de migraña, pues era evidente por los síntomas. Lo de aguda, pues también. Pero lo de hereditaria aún me tiene en ascuas después de haber hecho un estudio genealógico completo de mi familia durante varios años (que bueno es tener abuelitas), porque no he encontrado ningún ascendiente que las sufriera (o era discretísimo y no se enteró nadie).

Lo que más llama la atención a la gente que me rodea es lo que puede llegar a desencadenarme un dolor de cabeza. Desde un cambio de tiempo brusco (cosas de la presión atmosférica) hasta si me he atiborrado de chocolate en las tortitas con nata del Vips esa tarde o, por supuesto, un día de estrés (conozco gente que pueden tener dolor de cabeza si comen huevos fritos, beben café o se ponen morados a chorizo de Salamanca).

Después de tantos años, una cree que “lo tiene controlado”, sobre todo cuando viene un año bueno en el que las crisis se dan más espaciadas en el tiempo, cuando es un año de relativo poco estrés en el trabajo o cuando has encontrado al que esperas sea el hombre de tu vida. ERROR. Una migraña NO SE CONTROLA, por desgracia ES ELLA LA QUE TE CONTROLA A TÏ. Y no tiene cura. Por ahora sólo tenemos la fe en los adelantos médicos, que haberlos haylos. El futuro está ahí fuera, y quizás la cura también.

Be water my friend...digoooo, piensa en verde!, vamos, que hay que ser positivo en esta vida.

Para saber más.

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3 comentarios:

Blogger Necio Hutopo ha dicho...

Lo que a mi me funciona es pknerme zombie de analgésicos... Eso sí, al paso de los años las cantidad de analgésicos ha crecido exponensialmente... Y mejor no hablemos de su potencia

sábado, noviembre 24, 2007  
Blogger Sheena ha dicho...

que me va a contar, sr, necio hutopo, que me va a contar. Mi segundo apellido es "ibuprofeno"...
besukis!!

martes, diciembre 04, 2007  
Blogger Irene Jansen ha dicho...

Mis migrañas son tensionales, reacción a días de estrés, cuando me dan una mala noticia o cuando me enfado mucho me dan de repente. También a veces con un cambio brusco de tiempo. Cuando noto que estoy que "ni fu ni fa" no debo tomar chocolate ni vino, aunque me sienta divinamente una sopita bien caliente. Afortunadamente hace meses que no tengo una migraña.
Besos. Irene Jansen

sábado, diciembre 08, 2007  

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