martes, abril 22, 2008

Lenore

Ella había muerto. ¿o no? Hoy en día no se puede estar segura de nada. Era sólo una niña, pero la Sra. de la larga guadaña no hace distingos cuando ha llegado la hora. Su colega infernal, el Sr. Demonio, tenía mucho trabajo esa semana (unos terremotillos y un par de aviones estrellados de nada), así que Lenore decidió que no estaba muerta y que se volvía a su casa. Sus amigos no estaban (sus padres tampoco, pero no se le ocurrió investigarlo) así que hizo algunos nuevos. También encontró unos duendes raros que la hicieron su princesa y bailaron la conga con ella, así que ya no estaría sola. Ellos y su gatito muerto la acompañarían y todos tomarían el té de las cinco. Pero el Demonio se dio cuenta de que un alma se había ido de paseo y no había vuelto (la de Lenore). Se le había escapado ante sus narices, y eso estaba muy pero que muy mal (niña mala). En fin, tendría que ir a buscarla personalmente, porque como las otras almas se enterasen podrían amotinarse o algo y si los otros demonios se daban cuenta, se pitorrearían de él durante toda la eternidad (y eso era muuuucho tiempo).





Lenore, Princesa de los Duendes


Aunque ya había comentado mi predilección por esta niña muerta en blanco y negro, ayer la pude renovar al conocer a su autor, Roman Dirge. Firmó su obra en una tienda de cómics de Madrid tras haber participado en el 26ª Salón del Cómic de Barcelona celebrado el pasado fin de semana. El peculiar estilo del que dota a sus tiras es fiel reflejo de él mismo. Estuvo amable y simpático, haciendo bromas sobre el sepulcral silencio de los que estábamos haciendo fila para conocerle (comentó que a él le gusta más hablar que a un niño un pirulí) y firmando con dibujito incluido (no todos los autores se molestan en hacerte un dibujín) a diestro y siniestro. Me hizo mucha ilusión conocerle y dedicarle unos minutos de mi vida.

Bien por Roman y bien por Lenore.



El autor.


Si quieres saber más, link aquí.

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martes, junio 05, 2007

Gatitos III



Lenore

Creada por Roman Dirge.

Lenore

(Edgar Allan Poe)
¡El vaso se hizo trizas! Desapareció su esencia
¡Se fue; se fue! ¡Se fue; se fue!
Doblad, doblad campanas, con ecos plañideros,
Que un alma inmaculada de Estigia en los linderos
Flotar se ve.
Y tú, Guy de Vere, ¿qué hiciste de tus lágrimas ?
¡Ah, déjalas correr!
Mira, el angosto féretro encierra a tu Leonora;
Oye los cantos fúnebres que entona el fraile; ahora
Ven a su lado, ven.
Antífonas salmodien a la que un noble cetro
Fue digna de regir;
Un ronco De Profundis a la que yace inerte,
Que con morir
Indignos, los que amábais en ella solamente
Las formas de mujer,
Pues su altivez nativa os imponía tanto,
Dejasteis que muriera, cuando el fatal quebranto
Posó sobre su sien.
¿Quién abre los rituales? ¿Quién va a cantar el Requiem?
Quiero saberlo, ¿quien?
¿Vosotros miserables de lengua ponzoñosa
Y ojos de basilisco? ¡Mataron a la hermosa,
Que tan hermosa fue!
¿Peccavimus cantasteis? Cantasteis en mala hora
El Sabbath entonad;
Que su solemne acento suba al excelso trono
Como un sollozo amargo que no suscite encono
En la que duerme en paz.
Ella, la hermosa, la gentil Leonora,
Emprendió el vuelo en su primer aurora;
Ella, tu novia, en soledad profunda
¡Huérfano te dejó!
Ella, la gracia misma ora reposa
En rígida quietud; en sus cabellos
Hay vida aún; mas en sus ojos bellos
¡No hay vida, no, no, no!
¡Atrás! Mi corazón late de prisa
Y en alegre compás. ¡Atrás! No quiero
cantar el De Profundis majadero,
Porque es inútil ya.
Tenderé el vuelo y al celeste espacio
me lanzaré en su noble compañía.
¡Voy contigo, alma mía, sí, alma mía¡
Y un peán te cantaré!
¡Silencio las campanas! Sus ecos plañideros
Acaso lo hagan mal.
No turben con sus voces la beatitud de un alma
Que vaga sobre el mundo con misteriosa calma
y en plena libertad.
Respeto para el alma que los terrenos lazos
Triunfante desató;
Que ahora luminosa flotando en el abismo
Ve amigos y contrarios; que del infierno mismo
al cielo se lanzó.
Si el vaso se hizo trizas, su eterna esencia libre
¡Se va, se va!
¡callad, callad campanas de acentos plañideros,
que su alma inmaculada del cielo en los linderos
Tocando está!

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